Reposaste tu orgullo y tu ego, en conjunto con tus pálidas mejillas,
sobre mi cuello desnudo, rosando tu fría piel con la mía.
Nuestras tribales almas danzaron si parar, felizmente sobre nosotros.
El orgullo salía desde tu boca ligeramente abierta, mientras
tu brazo recorría mi pelo, mis hombros y brazos, luego mi espalda...
Pinté ilusión, en las paredes de aquella colorida habitación de verano.
Seguramente, con el pasar del tiempo, vas a volver a borrarla,
pero después de un año, nadie te puede cortar.
Conexión decadente, inevitable al fin son nuestros cuerpos.