Manejabas el auto bajo la noche casi celeste
sobre el camino casi blanco ,
y me pedías que mirara la luna ,
la luna abundante y ancha .
Yo sentía que la luna podía quedar
fijada a cimientos , como nuestra casa ,
para que los dos pasáramos siempre por allí,
con el mismo aire entrando por la ventanilla ,
tocándonos con sus plumas .